La vida a bordo mejoró, pero no como para ser considerada una vida atrayente. La comida mejoró algo, también mejoró la higiene aunque no en
la misma medida, pero la dureza de la disciplina se mantuvo. Mencionaremos que penas como la del corte de la nariz y/o de las orejas
permanecieron vigentes en las marinas de varios estados hasta 1820.
Como los viajes se hicieron más largos, las epidemias de escorbuto y de tifus siguieron siendo comunes. Uno se pregunta ¿cómo era posible que
tantos hombres se dedicasen a la vida del mar bajo esas condiciones? La respuesta es que no muchos marineros eran voluntarios, la gran
mayoría era reclutados mediante “levas forzosas”. [wikificar]
La vida a bordo comenzó a cambiar gracias a las observaciones de James Cook, oficial de la marina inglesa, que comprendió la importancia de
la higiene a bordo tras comprobar que en sus buques, de cada diez marineros muertos, sólo uno había sido en acto del servicio y nueve habían
muerto por escorbuto, desnutrición y enfermedades infecciosas. Empezó a repartir limón contra el escorbuto, mejoró la dieta y luchó porque
las tripulaciones tuvieran cámaras más espaciosas, aireadas y cómodas.